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DE CAMINAR SOBRE EL BORDE

DE CAMINAR SOBRE EL BORDE
Hasta el 10 de septiembre

Un día de noviembre de 1974 suena un teléfono en Múnich, dice en el prólogo del catálogo  Clarisa Appendino. La llamada  desde París daba un anuncio triste e incomprensible. Alguien estaba, inesperad amente, a punto de morir y eso no podía suceder todavía. Para Warner Herzog,  que por esos años era un joven cineasta, resultaba inadmisible que Lotte Eisner, la  mentora del Nuevo Cine Alemán, muriera. Ante la noticia, un impulso impensado  se transformó en un conjuro. Herzog tomó su campera, la brújula, un bolso con lo  imprescindible, sus botas nuevas y emprendió una caminata en línea recta hacia  París. Durante veintiún días caminó con la firme creencia de que ella seguiría con  vida si él iba a pie. 

Si excluimos de esta reflexión el caminar como medio de transporte, es decir, la manera en que caminar nos sirve interesada y técnicamente para ir diariamente de un lugar a otro, podemos arriesgar que existen al menos otras dos  maneras de hacerlo. Una es aquella en la cual se camina sin destino, con la entrega de avanzar con un pie sobre el otro sin esperar nada más allá del horizonte. Es  lo que se llama caminar a secas. La otra, es tal vez aquella que se realiza bajo un  ritmo que pendula entre lo absurdo y lo épico. Aquí caminar es hacer del caminar  una experiencia que linda con lo sagrado.

Al reconocer el modo en que han sido realizadas las obras que se reúnen  en la sala, la acción de caminar aparece como una manera de sondear y marcar  la superficie por la cual las artistas se desplazan. En las obras de Mara Caffarone, María Elisa Luna, Julia Masvernat, Kirsten Mosel y Jessica Trosman se filtra un impulso sutil que nos introduce en el espacio abierto, el compartido, el público.  Se cuela la ciudad, el viaje y los lugares inusuales como cantera de bocetos im precisos que luego se transforman, lenta pero decididamente, en bordes de nue vas formas. Estos bordes se materializan al cortar o calar una superficie plana, al abollar una trama o un objeto aparentemente blando, o al marcar los límites de la  transparencia y desandar un nudo de líneas.

El borde como demarcación, orilla y límite de un objeto, es el área de con tacto con el afuera y al mismo tiempo lo que constituye radicalmente su figura. De caminar sobre el borde reúne un conjunto de obras que señalan ese espacio  límite de las formas, recorren la zona arbitraria -aunque definitiva- de las cosas y se desplazan entre el calado, la pintura y el modelado. El borde aquí no es tanto  una línea en el plano como una acción sobre el material: vinilo calado, tela abol lada, vidrio tallado, madera recortada. La relación del borde con el espacio crea  una gramática y propone finalmente diferentes maneras de caminar sobre el filo del vidrio, el canto de una pared, el grosor de una línea, el margen de una hoja, la  orilla de una mancha, el reborde de las telas, la saliente de un pliegue, las aristas  de la sala, el límite de las cosas.

 

 

Hasta el 10 de septiembre. Puede visitarse de martes a viernes de 14.30 a 19, en turnos de media hora.  Pedir cita a info@gachiprieto.com o al 4774-6656.

Gachi Prieto Arte Contemporáneo (Uriarte 1373).

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