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DIANA DOWEK. PAISAJES INSUMISOS

DIANA DOWEK. PAISAJES INSUMISOS
Del 12 de abril al 2 de junio

La historia presente –valga el oxímoron– habita la obra de Diana Dowek con un sesgo peculiar. A veces, el drama de las violencias políticas aparece bajo la forma de metáforas; otras veces, se presenta de forma eminente.

Hay alambradas, cadáveres, agujeros de bala y armas de puño blandidas por oscuros sujetos; imágenes cargadas de historicidad que nos retrotraen a épocas infaustas. Por momentos campea la desolación en un paisaje humano donde el terror es mostrado sin concesiones.

Quien mira por el espejo retrovisor atisba un pasado inmediato: es historia y acechanza del presente a un mismo tiempo. Y si aquello que se visualiza es ofrecido en la forma de una amenaza siniestra –un cuerpo yaciente en la ruta, un automóvil en persecución–, el sentido que la escena construye invita a una reflexión dolorosa y urgente que admite una doble lectura.

Porque algo sucede en las obras de Dowek, algo que impugna la carga ominosa de sus visiones, en tanto sugieren siempre una resolución esperanzada del conflicto social del que, con crudeza realista, se hacen cargo.

Los alambres están cortados, alguien logró huir. Los perseguidores se alejan, y quedan atrás en la marcha. Una mujer corta camino a campo traviesa. De todos modos, el punto de sutura de la catástrofe histórica se hace manifiesto en una pieza emblemática como Lo que vendrá (recientemente adquirida por el Museo Nacional de Bellas Artes) o en la serie Pinturas de la insurrección, datada en el conmocionado 1973. Al igual que en la historia, en la secuencia casi cinematográfica narrada por Dowek, las multitudes toman las calles para ejercer el derecho a la protesta. Son el pueblo soberano que aparece en siluetas en movimiento, como sombras sin identidad, que anticipan la desaparición de muchas de ellas a manos de las fuerzas represivas. Pero es un pueblo que camina hacia una situación combativa en la que la pasión épica se sobrepone a los peligros del destino.

Con esta exposición, el Museo Nacional de Bellas Artes presenta ante el público un conjunto de obras de extraordinaria potencia artística y política, de gran relevancia para la plástica nacional, y rinde homenaje a una de sus artistas fundamentales, quien no ha cejado en su labor durante más de cinco décadas.

Andrés Duprat
Director Museo Nacional de Bellas Artes

 

 

Las pinturas de Dowek de la década de 1970 pueden pensarse a través del particular modo en que trabaja unos de los géneros tradicionales de la historia del arte: el paisaje. En su caso, la aparente ingenuidad del gesto pictórico encierra otras búsquedas que obligan a desplazar la mirada de la mera contemplación hacia el terreno de la reflexión. De estas imágenes, emergen los conflictos sociales y políticos que marcaron la Argentina en esos años.

Hacia principios de la década, artistas como Dowek plantearon la vigencia de la pintura como herramienta para adoptar una posición ética frente a la historia e interpelar a su tiempo. Las obras que produjo entonces son uno de los mejores ejemplos para abordar los vínculos entre las artes plásticas y el testimonio como modo de pensar la narración histórica en términos visuales, en tanto documento histórico. En esas imágenes-testimonio, Dowek también plasma su propia aproximación al realismo.

Apoyada en las propuestas formuladas por Bertolt Brecht en los años 30, Dowek trae al presente aquellos planteos que buscaban una nueva definición del realismo, donde el valor de verdad de la imagen se sobrepusiera a los aspectos formalmente descriptivos de una obra.

Desde ese lugar, en sus trabajos el paisaje se rebela e indaga sobre otros temas como la violencia y la censura. Si las primeras obras de los 70, como la serie Pinturas de la insurrección o Lo que vendrá, evidenciaban las nuevas formas de insurrección urbana que irrumpieron en manifestaciones callejeras como el Cordobazo, los modos de representar cambiaron a medida que avanzaba la década.

Las imágenes explícitas fueron reemplazadas por metáforas de la violencia que dominó el país a partir de mediados de la década. De manera velada, de ellas emergieron enunciados para los cuales no era posible encontrar palabras. Las series Los alambrados o Los retrovisores insinúan el escape de cuerpos ausentes o fuera de campo, que dan cuenta de aquello que sucedía más allá del espacio de la representación.

Desde la denuncia hasta las metáforas de la violencia, Dowek muestra la pintura como lugar de combate, de reflexión o de resistencia.

 

Mariana Marchesi
Curadora

 

Del 12 de abril al 2 de junio. Puede visitarse de martes a viernes, de 11 a 20  y sábados y domingos, de 10 a 20.

Entrada libre y gratuita para los residentes. La entrada para extranjeros es de 200 pesos  e incluye el ingreso al Pabellón de exposiciones temporarias. Los martes el ingreso es gratuito, y todos los días, desde las 18.45 hasta el horario de cierre del Museo también.

Museo Nacional de Bellas Artes (Av. Libertador 1473).

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