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LA TEMPESTAD

LA TEMPESTAD
Los martes y miércoles a las 20

El Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín repone la coreografía de Mauricio Wainrot, versión libre de la obra de William Shakespeare con música de Philip Glass.  

La escenografía, el vestuario y la dirección de arte de video son de Carlos Gallardo, la iluminación y la reposición de escenografía son de Alberto Lemme, la reposición coreográfica es de Andrea Chinetti, Diego Poblete, Elizabeth Rodríguez y Melisa Buchelli, la reposición de vestuario de Analía Morales, la compaginación musical de Gustavo Dvoskin, la dirección multimedia de Ramiro Fernández, Javier Mrad y Diego Primero, y la puesta de video de Nicolás Lihuel Kalman y Manuel Rodrigo Díaz.

Los integrantes del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín –dirigido por Andrea Chinetti y codirigido por Diego Poblete– son Constanza Agüero, Brenda Arana, Camila Arechavaleta, Adriel Ballatore, Lucía Bargados, Juan Camargo, Carolina Capriati, Matías Coria, Francisco De Assis, Matías De Cruz, Flavia Dilorenzo, Lautaro Dolz, Rodrigo Etelechea, Fiorella Federico, Gastón Gómez, Jonás Grassi, Alejo Herrera, Benjamín Lameiro, Daniela López, Vicente Manzoni, David Millán, Boris Pereyra, Silvina Pérez, Eliana Picallo, Andrea Pollini, Eva Prediger, Lara Rodríguez, Rubén Rodríguez, Damián Saban, Ivana Santaella, Manuela Suárez Poch, Federica Wankiewicz y Antonella Zanutto. Las asistentes coreográficas son Elizabeth Rodríguez y Melisa Buchelli. 

“Adaptar una obra literaria o teatral a un vocabulario de movimiento es siempre una gran aventura”, dice Mauricio Wainrot. “Dentro de la complejidad a la que uno se enfrenta en una empresa de estas características, Shakespeare, con su enorme capacidad para crear situaciones y personajes diversos, nos ofrece numerosas opciones y múltiples caminos. Es tal la riqueza de elementos que prodigan sus obras, que permite a cada artista la posibilidad de trasladar esos textos a su propia poética y a otros vocabularios”. Continúa el coreógrafo: La tempestad, pieza de acertijos y mundos espirituales diversos, en mi versión está contada como una obra épica, con personajes mágicos y misteriosos.  Es la historia de un poderoso señor, el noble Próspero, duque de Milán, poseedor de un gran conocimiento, que profesa un profundo amor por la literatura y la magia, las ciencias y las artes. Próspero será traicionado por su propio hermano, Antonio, junto a sus cómplices, entre ellos Alonso, rey de Nápoles. De esta manera perderá su poder y, con su única hija, Miranda, será condenado al destierro y al olvido. En el suceder de estos acontecimientos serán salvados de la muerte por Ariel, personaje mágico, espiritual y etéreo, creado por Próspero, el mago. Ariel es un ser sin sexo, que aquí será representado por cuatro personajes/bailarines que acudirán en su ayuda. Son aliados y seres de protección durante toda la trayectoria de la obra. Próspero llegará con su hija a una isla que cree desierta, por lo que se apropiará de este nuevo territorio. Pronto descubrirá que este lugar pertenece a la temible bruja Sycorax, y a su hijo, Calibán, personaje exótico y salvaje, del cual quedarán prendados los personajes cortesanos, incluida su hija Miranda. Próspero logrará destruir a la bruja, y hará de Calibán su esclavo. Una tempestad imaginada y pergeñada por el mago, y concebida por los Arieles, desparramará por la isla a un séquito de náufragos, conformado por los enemigos de Próspero: el lánguido Fernando (hijo de Alonso, rey de Nápoles), con quien Próspero quiere enamorar a su hija Miranda; Trínculo, el bufón, y Esteban, el servidor y borracho; Antonio, su traidor hermano; y Alonso (quien cree haber perdido a su hijo Fernando en el naufragio), con más personas de su cortejo. En mi versión de La tempestad todos los personajes surgen de la mirada del protagonista, Próspero, el duque de Milán, que con su poder mágico los plasmará escena tras escena; los recreará, y los atraerá hacia su nuevo destino, creando para ello su propia y alborozada tempestad, en un espacio mental que él domina a la perfección. Y hay otro espacio físico donde sucede la acción, la misma isla que fuera de la derrotada bruja y de Calibán, y que ahora lo contiene a él, a su hija Miranda y a Ariel. En el final, Próspero sorprenderá a todos sus enemigos, que lo daban por muerto, dándose a conocer como lo que es, el duque de Milán, quienes reaccionan azorados y temerosos de su venganza. Pero para Próspero ya es el tiempo de los reencuentros: el del rey Alonso con su hijo, el de Miranda con su amado Fernando, el de Trínculo y Esteban con Calibán, y el de Antonio con su hermano Próspero, que daba por muerto. En todo el devenir de la obra Próspero busca su venganza personal, crea su propia tempestad para cumplir con la justicia que tanto necesita. Sin embargo, el cambio se ha acercado a su alma, él podrá recuperar en ese rincón imaginario su pasado -en el amor que ahora se profesan su hija Miranda y Fernando, el hijo del falaz Antonio-, y descubrir dentro suyo el ansiado perdón hacia sus enemigos y hacia sí mismo, lo que será su gran recompensa. También lo será su propia liberación; la de Ariel, su espíritu mágico, que iniciará su nueva vida; y la de los personajes que han surgido de su imaginación, con quienes quedarán unidos por el más dulce de todos los recuerdos”.

La tempestad fue estrenada por el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín en 2006, posteriormente el Ballet du Capitole de la Ópera de Toulouse la estrenó en 2012 y, en 2017, el Ballet de la Ópera de Bordeaux, ambas en Francia. En 2017 fue presentada por última vez por el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín.

Duración: 110 minutos.

 

Los martes y miércoles a las 20.  En escena desde el 2 de julio.

Platea, 7.000 pesos; Pullman, 5.500.

Teatro General San Martín (Corrientes 1530).

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