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WILLIAM TURNER. ACUARELAS

WILLIAM TURNER. ACUARELAS
Del 25 de septiembre al 19 de febrero de 2019

El Museo Nacional de Bellas Artes cierra el calendario de exposiciones de 2018 con la muestra “William Turner. Acuarelas”, que reune 85 acuarelas del gran pintor inglés, pertenecientes a la Tate Collection.

Luego de la muerte del artista, en 1851, el legado de Turner fue donado a la nación. De esta manera, la Tate cuenta actualmente con 30.000 obras en papel, 300 pinturas al óleo y 280 cuadernos de bocetos del acuarelista.

La exhibición revela la importancia de las acuarelas en la vida y obra de Turner y ofrece un panorama general de la producción del artista, a través de distintos núcleos que, al mismo tiempo, enmarcan las diferentes etapas de su trayectoria creativa: la obra temprana, los años en Inglaterra, su producción como artista viajero, las experimentaciones de luz y color, y la obra tardía.

 

 

“William Turner. Acuarelas” cuenta con la curaduría de David Blayney Brown, uno de los más destacados expertos en Turner a nivel mundial. “El Legado Turner, recibido por el Estado británico en 1856, cinco años después de la muerte del pintor Joseph Mallord William Turner (1775-1851), es una de las colecciones más vastas y reveladoras de un único artista. Actualmente, la Tate Britain, en Londres, custodia la mayor parte del Legado, por lo que puede pensarse como un museo dentro de otro. Reúne los trabajos atesorados por Turner a lo largo de su vida tanto en su residencia como en su atelier, y además de un centenar de óleos que conservó para ser expuestos en una futura Galería Turner –que anhelada fuese creada en su memoria–, el Legado incluye  pinturas bocetadas, estudios y trabajos inconclusos, y decenas de miles de obras en papel: acuarelas, dibujos y bocetos.

“Como maestro de la acuarela y uno de los dibujantes más talentosos de su generación, Turner vendió casi toda la obra terminada que exhibió durante su trayectoria. Lo que guardó para sí era diferente, pero de ningún modo de menor calidad. Estos trabajos tenían un carácter especial, posiblemente más cercanos al verdadero espíritu del pintor que aquellas obras creadas para el público. John Ruskin, uno de los primeros en estudiar el Legado en su totalidad, observó cuántas de estas piezas habían sido realizadas para el propio deleite del artista. Íntimas, expresivas y experimentales, ofrecen una aproximación única al pensamiento, la inventiva y el mundo interior del gran pintor romántico.

 

Esta selección permite revisar el progreso de Turner, desde su convencional comienzo como topógrafo y dibujante de arquitectura hasta el abordaje dinámico de una extraordinaria variedad de temas, fundado en la refinada apreciación de la luz, el color y los efectos atmosféricos. Un grupo de acuarelas terminadas muestra el impacto público de su producción y acompaña estos trabajos más personales, que poseen la misma actualidad que cuando vieron la luz por primera vez”, culmina el curador.

 

Andrés Duprat, director del Museo de Bellas Artes destaca que “André Malraux ha dicho que cada obra que inaugura una época propicia una nueva versión del pasado. El romanticismo de Turner pertenece a esa categoría: inscribe en la historia de las imágenes un corte que, en tanto concibe la naturaleza como un paraíso perdido, la envía a un lugar mítico. Se vuelve, de este modo, un pasado que se hace presente solo a través de sus visiones. Y es que la naturaleza deviene en sus obras un lugar donde la historia –la acción humana– se abre, disruptiva, e impone un nuevo curso, incitando a leer en aquella la cifra de un tiempo ido: el de la unión virtuosa con el mundo natural. Sin embargo, Turner destituye el deseo de armonía entre la humanidad y sus creaciones. En él, la naturaleza siempre triunfa, se venga de sus criaturas.  Testigo privilegiado de la Revolución Industrial inglesa, se propuso como secreto contradictor. Locomotoras, barcos, puentes, ciudades y multitudes son sus personajes, juguetes del destino al ser tomados por las furias desatadas de los cielos y los mares. Las aguas, la niebla, la luz, en cambio, se transforman en protagonistas activos de sus telas y acuarelas. Con su obra, de un realismo onírico y técnica brumosa, Turner dio inicio a una ruptura en la historia de la percepción visual en Occidente, recuperada tiempo después por el movimiento impresionista”.

 

 

Del 25 de septiembre al 17 de febrero de 2019. Puede visitarse de de martes a viernes, de 11 a 20, y sábados y domingos, de 10 a 20.  El valor de la entrada es de 100 pesos, exceptuando de su pago a jubilados, menores de 12 años, personas discapacitadas y grupos educativos. Los martes el ingreso es libre y gratuito para todo público.

Museo Nacional de Bellas Artes (Av. del Libertador 1473).

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