Una muestra de Melina Lo Bue, con curaduría de Carlos Gutiérrez. Migraciones materiales presenta un conjunto de trabajos inéditos en los cuales explora transformaciones y desplazamientos de la materia que plantean tensiones y desvíos entre elementos orgánicos e inorgánicos. A través de dibujos y esculturas desarrolla, habilita visiones hacia formaciones y especies sin un centro de referencia claro. La exhibición propone un desplazamiento en la manera de construir imágenes del mundo, desafiando sistemas de clasificación y señalando la existencia de intervalos que escapan a la captura y la clasificación.
Dice el curador «Existen plantas que se conocen como descontaminantes por su capacidad para absorber elementos químicos presentes en el suelo y el aire. Estas plantas pueden acumular minerales en sus tejidos y estabilizar el medio en el que se encuentran, ayudando a prevenir la dispersión de componentes críticos. Algunas incluso pueden retener metales pesados presentes en suelos afectados por diversas actividades humanas. Si rastreamos esta información encontramos que en algunos casos se refiere a las plantas como “héroes” o “salvadoras”. Me interesa introducir un debate respecto a estas atribuciones de cualidades humanas a los sistemas de los que participamos como componente, y no como agentes externos. Los puntos de equilibrio en todo sistema de vida, al decir de Manuel de Landa, no responden a parámetros lineales. Esto quiere decir que las dinámicas del sistema podrán presentar momentos de estabilidad generados de forma endógena y transiciones abruptas entre esos estados. Cada transición es una bifurcación que impide prefigurar un desenlace estable para las relaciones posibles entre los elementos que componen un sistema. Si los sistemas biológicos exponen la obsolescencia de las nociones que consideramos fijas, se vuelve pertinente revisar los parámetros que organizan nuestras estructuras de pensamiento.
En este marco, ensayar ideas hasta el cansancio puede ser un excelente punto de partida. Esta exhibición apunta, al menos, a dos cosas: producir desplazamientos en la representación del mundo conocido y practicar la desjerarquización en la forma de construir sus imágenes. El trabajo de Melina Lo Bue adopta un carácter cercano a lo científico, recorre diferentes entornos naturales, toma muestras que luego analiza por forma y composición. Luego transcribe sensaciones y texturas en dibujos y esculturas que contradicen la tradición descriptiva de la botánica aunque comparte algunas herramientas. En su metodología opera una lógica de experimentación estructurada: procesos que se fragmentan en partes, variantes que se reconocen, resultados parciales, pruebas, calibraciones y redirecciones constantes. Cada escultura en Migraciones materiales es el resultado de una serie de decisiones donde los componentes se combinan y entrelazan hasta fundirse unos con otros, de manera que cada caso podría responder a una formulación, a una ecuación específica en la que entran en juego la dimensión especulativa de hacer una geología heterodoxa. Cada dibujo presenta especies nuevas sin un centro de referencia del todo legible, podrían ser de cualquier lugar y por eso mismo, de ninguno. Hay en estas imágenes una tensión entre un tono casi descriptivo y la opacidad de lo que no encuentra sitio. Cristal o fermento, las obras responden a una variable extra, hasta ahora oculta en el límite entre lo orgánico y lo inorgánico. Su hábitat es intersticial e indefinido, refugio de lo que se sustrae a la explicación y carga consigo la raíz de un deseo profundamente humano: la posibilidad de que aún exista un margen donde las cosas podrían ser de otra manera».
Del 21 de abril al 1° de junio. Puede visitarse de lunes a jueves de 15 a 19.
Oda Arte (Paraná 759 piso 1).

